Bollos de raíces de helecho: un alimento para la supervivencia

Las raíces del helecho se usaron durante años para producir los bollos que se hacían en toda la Isla

El pan de harina de raíz de helecho o los llamados bollos de raíces de helecho, realizados en la Isla de La Palma sobre todo en época de hambruna y necesidad extrema, han pasado a ser en nuestros días tan solo un gris recuerdo del duro pasado que le tocó vivir a la población palmera durante años. Hubo una época en la que, en situación de pobreza y escasez, y no sin dificultad, los palmeros dedicaron su tiempo al cavado y recolección, picado, secado y molido de esta raíz para, a través de su harina, y como si de cualquier otro cereal se tratara, obtener la harina que se convertiría en alimento para mitigar el hambre.

En situación de pobreza y escasez los palmeros dedicaron su tiempo al cavado y recolección, picado, secado y molido de la raíz de helecho, como si de cualquier otro cereal se tratara, y obtener la harina que se convertiría en alimento para mitigar el hambre

Así fue durante la guerra y la postguerra, y así lo cuenta Gara García Pérez, guía administrativa del museo de Interpretación del Gofio (MIGO), quien ha recopilado información sobre este tema teniendo como base estudios de Jorge Pais.

“Este es una alimento que ya consumían los aborígenes. Es posible que anteriormente hayan tenido algo parecido en el continente africano o que tal vez los aborígenes lo descubrieran aquí en la Isla, aunque no existen datos sobre el tema. Fue un alimento muy importante, y en La Palma tuvo de vital importancia hasta hace tan solo 70 años”, dice sobre los bollos de raíces de helecho.

No deja de ser llamativo que, según las fuentes históricas, Abréu Galindo escribiese que los aborígenes desconocían la agricultura, pero que en los años 80 del pasado siglo en El Tendal se encontrasen semillas, lo cual ha confirmado que los aborígenes sí conocían la agricultura y que nunca la abandonaron del todo. “El hecho de que encontraran las semillas abre un interrogante que está aún sin respuesta: ¿Abandonaron los aborígenes palmeros la agricultura, o se pasó por alto su práctica en las redacciones de los cronistas? Es de las grandes preguntas sin resolver en la arqueología palmera”, señala.

Las raíces del helecho se usaron durante años para producir los bollos que se hacían en toda la Isla. No solo en las zonas más pobres, también las zonas más ricas los campesinos en general lo consumían al hallarse sin otras posibilidades, pues la planta se encuentra aún especialmente en zonas de medianía y en barranqueras húmedas, desapareciendo en la cumbre y en la costa.

Con la recolección de raíces se dice que se hacían zafras, especialmente en Garafía. De allí se dice que viene el nombre de “El bailadero”, en recuerdo a los bailes que se realizaban en esa zona de Garafía durante la zafra del helecho. Las familias acampaban y, por la noche, después de la recogida, llevaban a cabo bailes. Tampoco se descarta que el nombre de este lugar viniera del ritual que hacían los aborígenes con los cabritos separándolos de las madres para que velaran, es decir, para que lloraran como pidiendo una plegaria al cielo y lloviera, llamándose así al principio “veladero” y posteriormente cambiando a “bailadero”.

De cualquier modo, las raíces de helecho comenzaban a recolectarse cuando la hoja empezaba a ponerse amarilla, entre septiembre, octubre y noviembre, pero siempre antes de que brotase la hoja nueva. La raíz tenía que dejar secar. Antiguamente las ponían en cuevas de solana en las que el sol les daba por la tarde, mientras a su vez estaban protegidas de la lluvia y las inclemencias del tiempo, entre 10 o 20 días. Personas mayores de Cueva de Agua en Villa de Garafía recuerdan que sus padres o abuelos las ponían a secar unos 10 días al sol y que, con una rama de brezo, las barrían para ir limpiándolas”, cuenta.

Las raíces primero se limpiaban, luego se tostaban

 

Posteriormente se molían en un molino igual que el trigo

También hay quienes dicen que las raíces primero se limpiaban, luego se tostaban y posteriormente se molían en un molino igual que el trigo. De otros mayores se ha recopilado que simplemente se asaban y se comían así. Estos distintos recuerdos de personas mayores llevan a pensar que las raíces de helecho tuvieron diferentes usos.

El que los bollos de helecho sobrevivieran hasta hace relativamente poco como alimento se debe probablemente a que una parte de la población que sobrevivió a la conquista guardó el conocimiento y lo transmitió como un recurso a mano que fue pasando de generación en generación. “Partes de la Isla como Puntagorda, Tijarafe o Fuencaliente, han sido históricamente zonas de bastante necesidad, y en épocas de sequía la gente recurría a lo que podía”, explica García Pérez. Y es que no era precisamente un alimento agradable. De hecho, “era como echarse tierra a la boca”, según declaraciones de personas mayores recogidas por Jorge Pais.

No hay que olvidar que el agua se canalizó en municipios como Puntagorda y Tijarafe ya entrados los años 60, y que el sistema de los quintos se mantuvo hasta los años 70 y 80 aproximadamente en Garafía. Hacen tan solo 60 ó 70 años de este pasado cercano que nuestros padres, abuelos y bisabuelos aún recuerdan, cuando los bollos de helecho fueron un alimento para la supervivencia.

Deja un comentario

Su email no sera publicado

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.