Carmen María Triana y su afán por mantener vivo el trabajo del colmo

En tiempos pasados se hacía trueque con la cestería de colmo y se enviaba habitualmente a los países árabes

Carmen María Triana Morera (1953), Destacada del Municipio de Villa de Mazo 2019, empezó en la Escuela de Artesanía a los 14 años. Como cualquier palmera en aquél entonces sus comienzos fueron con el bordando, pero la Escuela de Artesanía le dio la oportunidad de aprender y descubrir diferentes posibilidades y así pasó, además de por el bordado, por el telar y la cestería aprendiendo lo básico de todas ellas. Sus profesores, de Villa de Mazo y alrededores, habían aprendido de sus antepasados a fuerza de mirar, y le contagiaron las ganas de aprender. Aquellas fueron tardes de practicar y practicar. Su pasión por la artesanía creció cuando conoció la cestería de colmo. Aprendió desbaratando y haciendo. Practicando de noche y enseñando de día.

Entrega de Premios “Destacados del Municipio”

Siempre le gustó hacer nuevos modelos, y nunca ha dudado en, si algo sale mal, repetirlo hasta conseguir el resultado correcto. Así ha conseguido que sus trabajos sean idénticos a los de antaño. No es extraño que en las ferias de todas las islas se lo digan, y además le hagan llegar nuevo material para que continúe trabajando y no se pierda su labor artesana, pues es actualmente la única persona que está trabajando el colmo en la Isla. A pesar de haber impartido cursos desde los años 80 en todos los rincones de la Isla, el relevo no llega.

Relata que en tiempos pasados se hacía trueque con la cestería de colmo y que además se enviaba habitualmente a los países árabes. También cuenta que la elaboraban los presos en la cárcel o que “las niñas pijas” de Santa Cruz llevaban el bocadillo dentro de su bolsito de colmo, por dentro forrado de seda, a diferencia de las de clase media, que lo forraban de raso o muselina y las más humildes, que le ponían un papelito en el interior para protegerlo. Otras mujeres y niñas preferían tener refinados joyeros o lucir su canastilla de colmo durante la comunión o llenarla de flores durante la festividad del Corpus Christi.

Cestería de colmo
Cestería de colmo con interior forrado

En el lado opuesto estaba la cestería de balayo, que se realizaba mezclando centeno con zarza para obtener un resultado más rústico y resistente. Este tipo de cestos se usaban para las labores de campo o para las labores del hogar, utilizándose como espuerta o como cesto donde llevar la ropa para planchar. A lo largo de los años ha arreglado cestos y otros accesorios centenarios, comprobando que el colmo es un material duradero si se cuida, pero que no se puede maltratar. También ha descubierto que en otros países Europeos se hacen trabajos artesanos similares, pero usando el trigo, que aquí no se utiliza porque es demasiado duro, se parte y cuando se moja se pone negro.

La ilusión de Carmen María Triana es evitar que la cestería de colmo termine perdida en el olvido. Pese a no haber vivido de ello, pues no resulta rentable, aún recibe con ilusión algunos encargos y vende en las ferias. No considera que aprender el oficio sea difícil, aunque cueste trabajo como cualquier otra labor artesanal. Señala que tal vez lo más duro sea tener que arreglar las pajitas, hacer el rollo que da forma a las asas de los cestos o bolsos o cortar los pírganos. Se trata pues de un trabajo que tiene que gustar a quien lo realiza ya que la mayor satisfacción no es económica sino que llega al ver el resultado final.

En el trabajo del colmo no se hacía antes ni debe hacerse ahora distinción. Carmen defiende que antiguamente los hombres también bordaban, aunque según desvela, lo hacían a escondidas por lo que en el pueblo pudieran decir. Y aunque en su época en la Escuela de Artesanía todas eran mujeres, en los últimos años algunos hombres dieron un paso al frente asistiendo al curso de las varas o al de colmo y zarza. De cualquier modo, ella siempre lo ha tenido claro: “Si una mujer puede ir a una huerta a cavar, a plantar papas o a cegar centeno ¿por qué no puede un hombre bordar o trabajar el colmo?”

Así se prepara

El colmo es la paja del centeno, el cual se planta en los últimos meses del año, habitualmente en diciembre, ya que en enero resulta un poco tarde, y se recoge con mucho cariño cegado a mano cuando alcanza su color dorado. Después de recoger la paja, se separa por grosores, debido a que hay algunas más finas y otras más gruesas. En manojitos pequeños, se sacude en una superficie dura, preferiblemente una piedra, con una manta debajo. Las pajas tienen que estar enteras, las escachadas o dobladas hay que descartarlas. Quitados los nudos y las espigas se moja la paja, más gorda o más fina, dependiendo lo que quiera hacer, en agua fría como mínimo durante dos horas, y con un peso encima para que no aboye. Hay que tener en cuenta que al mojar la paja, esta se pone amarilla. En ese caso hay que blanquearla con humo o azufre. Para este cometido cualquier azufre puede valer. El más conocido es el empleado en la viña, aunque el azufre en pastillas también da el mismo resultado. El color se consigue gracias a la anilina en aproximadamente una hora. El tinte vegetal no vale para teñir el colmo puesto que al mezclar fibra con fibra no se absorbe correctamente el tinte. Hace algunos años solo se podían obtener algunos colores concretos, siendo el verde, el rojo y el violeta los predominantes, pero ahora se pueden encontrar azules, naranjas, rojos o marrones de distintas tonalidades. Debe señalarse que en el color final no solo influye el tinte, sino también la paja. Una vez realizados estos pasos, el colmo está preparado para comenzar a trabajar.

Gracias a la anilina se pueden conseguir diferentes colores y tonalidades

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