El aceite de oliva busca su hueco en el medio rural de La Palma.

 

El incendio del año 2009 arrasó con sus viñedos, pero Juan José Santos siempre se ha considerado un fiel defensor del aprovechamiento de las tierras, así que decidió limpiar y preparar el terreno, y cambiar las viñas por los olivos. En el año 2010 comenzó a sembrarlos, y no fue hasta el 2012 cuando elaboró su primer aceite de oliva mediante la utilización de un molino, y usando la técnica tradicional.

Aunque en su familia no se viva de la agricultura, la tienen muy presente en su día a día: “Plantamos todo lo que podemos. Tenemos animales, cultivamos la tierra, tenemos viñas, muchos frutales, y tratamos de vivir de manera lo más sostenible posible”, manifiesta. Para Santos, el estilo de vida que se practica hoy en día lo definiría como insostenible, y esa es la razón principal por la que defiende el autoabastecimiento, “evitando en la medida de lo posible la importación, y como consecuencia, la entrada de plagas o materiales que acaben generando residuos”, destaca.

Ese deseo de producir lo que no se tiene, unido a la intención de autoabastecerse, fue clave para que este olivicultor  tomara la decisión de iniciarse en la producción de aceite de oliva, con el objetivo de demostrar que algo tan vital para la sociedad se puede elaborar en la Isla. “Yo sé que cuesta mucho producir el aceite de oliva, los terrenos son muy caros y hay detrás un gran trabajo, pero es posible, se puede elaborar y de hecho se da muy bien, cuenta con una muy buena calidad”.

En el año 2012 nacieron las primeras aceitunas, y ya en el 2013 consiguió recolectar una producción de más de mil kilos, quedándose pequeño el sistema de trabajo con el que contaba en el momento inicial. A partir de ahí, Juan José comenzó a informarse, y a visitar otras islas como Gran Canaria, Tenerife y Fuerteventura,  donde ya contaban con una almazara automática, una máquina que, aparte de facilitar el trabajo, te da mayor rendimiento por kilo de aceituna.

Esta sucesión de acontecimientos fue el resultado de que en el año 2017 se lanzase a adquirir una almazara, diseñándola durante dos años en un local acondicionado para ello, hasta que finalmente, el pasado mes de octubre, concluyera su montaje, así como la reforma de las nuevas instalaciones donde se encuentra el equipo.

Como olivicultor, lo que más aprecia Juan José de poder contar con una máquina de estas características, es el rendimiento que obtiene, unido a un aumento de la calidad: “Hacerlo de forma manual a través de los capachos provoca que el aceite esté más tiempo expuesto al aire y en contacto con los residuos que se quedan en él. Ese contacto y evaporación provocan que el aceite pierda muchas propiedades y aromas. Con el molino, en cambio, el aceite se separa muy rápido de los desechos y sale mucho más afrutado, con aromas”. A lo largo de una jornada de trabajo, entre 8 y 10 horas, son capaces de moler entre 500 y 1000 kilos, aunque lo habitual oscila entre los 700 y los 800 kilos, ya que para llegar hasta los 1000 kilos sería necesario trabajar durante más de 10 horas.

Para Santos, la calidad prevalece por encima de todo. “Siempre está por encima la calidad, por eso intentamos por todos los medios, desde el campo y hasta el estrujado, tener cuidado, porque aunque no parezca relevante, el manejo en la almazara es fundamental a la hora de obtener buena calidad. Si trabajas con una temperatura muy alta es malo para la calidad del producto, por lo que tienes que trabajar con temperaturas digamos, normales, entre los 20 y los 25 grados. Cuantos menos grados tiene la pasta de la aceituna, menos evaporación hay. Por ello, es muy importante trabajarla bien, además de recogerla en el momento exacto, que es el momento en el que está cambiando el color, cuando se va a madurar. En definitiva, hay que conjugar diferentes elementos para poder obtener la mejor calidad posible, y no cabe duda de que aquí en La Palma, y en las islas en general, tenemos que optar por la calidad para poder venderlo a buen precio, y que la gente lo demande”.

Este nuevo aceite de oliva, que se comercializa bajo el nombre de ‘Palmaoliva’, ha tenido muy buena aceptación entre la población palmera, y aunque se trata de una producción pequeña, dirigida a un consumo local, ya algunas personas, provenientes de fuera de España, han visitado las instalaciones de Juan José atraídos por el sabor de este “oro líquido”.

A pesar de ser un sector incipiente, actualmente hay muchos interesados en el cultivo de la oliva, “sobre todo gente joven”, manifiesta Santos, aunque destaca que “aún no se ha extendido porque no han montado una almazara pública”.

“Ya hemos tenido reuniones con el Cabildo Insular de La Palma con el objetivo de que monten una almazara de uso público. En Arico, en la cooperativa del vino, cuentan con una, y la gente lleva allí sus aceitunas, donde a cambio de parte del aceite, te las muelen y te dan la cantidad que te pertenece. Habría que montar aquí algo así pensando en las familias, y también en los productores pequeños como nosotros”, expresa.

Pese a los inconvenientes y las trabas que puedan existir en el sector, Juan José anima a todo aquel que esté interesado en el cultivo de olivos, que den un paso adelante y planten, ya que según él, “el camino está abierto”, y con el tiempo se espera que exista una almazara pública, o incluso almazaras privadas de una mayor dimensión en comparación con la suya.

“También está el apartado de hacer aceitunas en conserva, nosotros hacemos siempre una cantidad importante para el consumo familiar. En mi opinión tiene futuro, si podemos producir una cosa, ¿por qué la importamos? Tenemos que borrar el pensamiento de que lo de fuera es más barato que producirlo aquí, porque a la larga acaba saliendo más caro, por los inconvenientes que eso nos trae. Hay que pensar con sentido, y que la isla no dependa del exterior, que produzca todo lo que se pueda aquí”, opina.

2019 ha sido, sin duda, un año de transición para Juan José. Aunque ha podido finalizar su almazara, su producción ha sido minoritaria, y esto, unido a la poca calidad resultante del calor y la sequía, ha provocado que las aceitunas no maduraran como se esperaba.

“Este ha sido un año para olvidar, pero ya nos encontramos trabajando en la próxima temporada. Estamos deseando que llueva. Ahora mismo estamos en contacto con el Cabildo de Tenerife para hacer un plan de abonado para este año, con el objetivo de poder hacer mayor cantidad de aceite, y a la vez, que también podamos trabajar bien la calidad, para mí eso es fundamental, la calidad es determinante”.

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