Guardianes de la Historia rural de La Palma

Verónica Ojeda y Manuel Cubero nos desvelan los entresijos de la restauración del patrimonio documental en La Palma

RESCATE DE LA MEMORIA COLECTIVA
‘Gente Rural’ visita el Centro de Conservación y Restauración de Documentos Gráficos del Cabildo Insular de La Palma para conocer con detalle su apuesta por la recuperación del acervo cultural e histórico de la isla.

UN PROCESO MINUCIOSO, PASO A PASO
Esta semana nos adentramos en el prestigioso trabajo liderado por los técnicos de la entidad, quienes reciben encargos desde todos los rincones de la isla. Les avala la experiencia de casi dos décadas salvaguardando la memoria de nuestros antecesores.

Para conocerla, estar informados e incluso, aprender de los errores del pasado. A lo largo de la historia, el ser humano siempre ha buscado la forma de permanecer en el tiempo, custodiando su memoria y transmitiendo el conocimiento a sus descendientes. Libros, grabados, mapas, registros de bautismos o protocolos notariales, son los interesantes documentos gráficos que conforman el histórico legado que La Palma protege gracias a la reconocida labor de Verónica Ojeda y Manuel Cubero al frente del Centro de Conservación y Restauración de Documentos Gráficos de la isla.

«Nuestra profesión es muy similar a la medicina. Somos el último eslabón en el cuidado de la documentación, así que  los pacientes nos llegan cuando ya es muy difícil leerlos o se encuentran en peligro de desaparición. El primer paso siempre es recoger datos y evaluar los daños, para poder emitir un diagnóstico y decidir el mejor tratamiento para su restauración», sostiene Verónica, explicándonos que en el deterioro de los fondos influyen muchos factores.

El paso del tiempo, los agentes climatológicos, las galerías creadas por los xilófagos o el apetito voraz de los pequeños roedores, constituyen las principales amenazas del papel. «También el propio hombre, que por desconocimiento, no siempre aplica las mejores medidas conservativas. ¿Qué es lo primero que hacemos cuando se nos rompe una página o fotografía? Emplear cinta de celo, cuando es muy abrasiva y acabará oxidando el soporte. Es es uno de nuestro enemigos con el paso del tiempo».

 

EL LEGADO SE MIDE EN SIGLOS

“El Centro trabaja con variados soportes documentales entre los que se encuentra diverso material gráfico recogido sobre papel, pergamino, que nos llegan encuadernados o no en diferentes pieles. Documentación manuscrita, libros impresos, grabados o fotografías son algunos de ellos.”

 

«En La Palma contamos con un patrimonio documental incalculable, de ahí nuestra apuesta por su conservación. Sin la labor del Archivo Insular y de este Centro, la isla se quedaría pelada de historia», destaca Manuel, mientras nos muestra algunos Protocolos Notariales del S.XVI. «Recogen información muy relevante como transacciones, compras, intercambios mercantiles o registros de gran interés para los investigadores. Llegan muy deteriorados», precisa.

Y es que cuando la enfermedad no se previene, su única cura es la restauración. Un trabajo multidisciplinar que se ayuda de diferentes ciencias para reponer de vida aquello que el tiempo dejó a su suerte. «Es un trabajo minucioso, delicado y sobre todo técnico, que requiere por igual de dosis de estudio, pericia, paciencia y conocimientos. No buscamos embellecer, ya que la propia obra es bella en sí, nuestra labor se centra sólo en recuperarla siguiendo un proceso exhaustivo que se divide en distintas fases», «El primer paso es la toma de datos y la tipificación de la misma. Anotamos en fichas todos los registros del libro, desde cómo se encuentra hasta qué daños tiene, medidas, roturas o manchas de agua. Se numeran todas las páginas para poder restablecer el orden inicial una vez desmembrado. Después de diferentes pruebas químicas para identificar el tipo de tintas y su solubilidad, así como para medir el pH del papel por si fuese necesario aportarle estabilidad, tendremos la información suficiente para emitir un diagnóstico», concluye Verónica. De la verificación técnica de la obra dependerá el resultado final, por lo que este segundo paso es clave en la elección del tratamiento definitivo. «Éste debe ser reversible, inocuo y que no tenga fecha de caducidad, ya que son documentos manuscritos únicos que no tienen réplica».

EL ARTE DE SANAR LAS HERIDAS DEL TIEMPO
Tras la toma de datos y el diagnóstico, se inicia la delicada limpieza mecánica con ayuda de algodones, brochas e incluso bisturís, para eliminar las impurezas propias de la acción antrópica y los detritus depositados por los insectos a los que tanto atrae el papel.

Ellos son los causantes de brechas y fisuras. «Los bichos se meten en el lomo de los libros, colocan los huevos y cuando la ninfa sale crea las galerías en busca de alimento. Además, antiguamente se utilizaba un apresto con harina similar a la poleada, otra razón que explica su afán devorador», añade.

Para la restauración definitiva, la obra se imbuye en una nueva fase: el tratamiento acuoso. Las hojas reciben un baño con agentes estabilizadores que le proporcionan equilibro y realzan sus estructuras moleculares. «Es lo que se denomina la desedificación del papel», profundiza Manuel.

UN PROCESO EMPAPADO POR LA TRADICIÓN
Aunque con tecnología más avanzada, el proceso es muy similar al que se empleaba en el fabricación del papel en los antiguos molinos del S.XVI, empleando una máquina reintegradora para devolver a las hojas su sello original.

«De esta forma, limpiamos y contrarrestamos la acidez, para a continuación proceder a rellenar con pulpa de papel los agujeros y galerías. Para su elaboración utilizamos también el mismo método de la época, empleando lino y algodón que aportan resistencia y esponjosidad». Una combinación perfecta de ciencia y artesanía, que sorprende con un nuevo guiño a la tradición y al aprovechamiento de los recursos locales. «Para dar color a la pulpa empleamos tintes naturales, como bien conocen las mujeres del Museo de La Seda de El Paso. Lo realizamos además con la cascara de nuez que nos dan amigos de la Montaña de la Breña como Don Pérez y aprendiendo también de los conocimientos sobre el lino de la tejedora Doña Rosario. La experiencia vital de los habitantes del mundo rural aporta y suma una riqueza que no se debe perder», recalcan.

Tras la reintegración, se procede a los últimos pasos del proceso: prensado, secado y oreado, para luego eliminar los sobrantes y perfilar los bordes. Será en este momento cuando el libro estará listo para ser vestido y encuadernado. «Aunque es una labor muy laboriosa que puede llevar hasta seis meses de trabajo, siempre resulta muy gratificante. La recompensa llega cuando ves la obra acabada y sientes que el esfuerzo ha merecido la pena. Y es que de nada nos vale tener un tesoro, si no podemos apreciarlo y legarlo a las futuras generaciones».

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