Obradoiro de Martina

Obradoiro de Martina. Gente rural, ader la palma

Conservar el arte del bordado

Entre agujas, dedales, retales, grabados y dibujos infantiles encontramos a Martina González. En su lugar de trabajo conviven las tradiciones del bordado palmero junto a sus orígenes artesanos gallegos. Cada una de sus prendas transmite una historia. Martina es bordadora y diseñadora, pero sobre todo es conservadora del arte del bordado palmero. Su vida ha estado ligada a la artesanía desde que tuvo uso de razón. “Mis abuelas eran sastres. Uno de mis abuelos trabajaba en la forja y el otro en la joyería. Siempre he visto el taller en casa, nunca se ha hecho una separación entre la familia y el taller. Creo que eso de criarte en un hogar en el que el trabajo de las manos es lo que lleva a la semana a llegar al día a día crea un precedente. Te queda marcado. No tengo recuerdos en mi vida donde me recuerde con un dedal y una aguja en la mano”, cuenta con cariño sobre su niñez y adolescencia.A su llegada a La Palma, y poco a poco, sin darse cuenta, comenzó a fusionar el trabajo de la abuela Amparo, la abuela se su marido, con el de sus abuelas. “Por las tardes me sentaba con ella y aprendía”. Hasta que decidió montar su taller: Obradoiro de Martina, actualmente integrado por 4 mujeres. Allí pasan el tiempo juntas, trabajando, disfrutando de lo que más les gusta y fortaleciendo su amistad. “Las chicas nos dan el conocimiento, el tiempo, el valor y la filosofía empresarial que tenemos hasta la actualidad. Decir que estoy sola es imposible. Hay un gran equipo detrás. Las personas que empezaron trabajando conmigo en el Obradoiro siguen aquí”, confiesa. Y es que Martina no imagina su vida sin el Obradoiro. Este lugar es para ella más que un taller. Es ese lugar que conecta las energías y el buen hacer de las mujeres. “En el taller trabajamos mirándonos y hablándonos. No es solo trabajar, también es conocer a las otras personas”, explica.

Interior del Obradoiro de Martina

“La diferencia entre conservar el arte y lo que hacemos en el taller es muy poca. El Obradoiro conserva las historias. Los grabados los tratamos con el mismo cariño y prestigio que una obra de arte”, asegura. Sobre la historia del bordado en La Palma ha aprendido mucho desde que llegó a la Isla. Disfruta compartiendo sus conocimientos de este y otros temas con los demás. “Es curioso, porque la mayoría de personas que bordaban antes eran mujeres, mientras que los que conservaban grabados y dibujos eran normalmente hombres. Si echamos la vista atrás la mayoría de los cisnadores de La Palma han sido hombres. Ellos nos contaban al principio las historias. Luego empezamos a hacer entrevistas con mujeres de nuestro alrededor que habían conservado el legado familiar, aunque nos faltan aún muchas historias por descubrir”, expresa con agradecimiento hacia quienes han formado parte de esta labor.

“Antes la mujer tenía un rol social: la crianza de los niños y el cuidado de la casa y del ganado. No podemos olvidarnos del entorno sociológico para entender la actualidad del bordado. En La Palma hay que agradecerles mucho a las abuelas que vivieron la carencia, la hambruna y la dictadura con una escasez de materia prima abrumadora”, afirma Martina sobre esas mujeres que consiguieron formas identificativas del bordado en cada zona de la Isla a través de su propio arte.

Desde el Obradoiro consideran que tiene que llegar un relevo que continúe con el legado. “De nada vale el esfuerzo de las mujeres de antaño o el esfuerzo que están haciendo las mujeres de ahora si no hay unas mujeres u hombres que lo vayan a continuar en el tiempo”, argumentan. “Nosotras cada vez que hacemos un diseño contamos la historia. De dónde procede el bordado, quién lo mantuvo, quién lo trabajó y que nueva vida le damos nosotros. Es vital que la gente conozca el origen y lo valore”.

Las mujeres de Obradoiro empezaron enfocadas al mercado local sin pensar que su trabajo llegaría a Madrid, Dubái o los Países nórdicos. “Tenemos un mercado de zonas de mucho calor y zonas donde la ética del comprador es muy alta”. Eso sí, la forma de trabajar ha cambiado con el pasar del tiempo. “Se nos pide mucho, no es solo tener la idea, es cómo venderla”, asegura. “Miramos el origen de la materia prima. No puedes generar una historia tan profunda bordando en plástico. Ni podemos trabajar nuestro producto intentando conseguir la marca España y que nuestra materia prima venga de Asia. El origen de la materia prima es tan importante como las manos que desarrollan el producto”, asevera.

“Vivir en el paraíso, tener un taller aquí, producir y enviar fuera tiene un precio alto. Tienes que ser responsable de las consecuencias cuando tomas una decisión. He montado el taller aquí porque a mí La Palma me ha dado lo mejor que tengo en la vida: me ha dado el hogar, mis hijos, la cultura y el trabajo”, avisa mientras anima a las personas emprendedoras a sopesar sus decisiones. “Nosotros tenemos que luchar porque podamos trabajar desde cualquier parte de España y ser respetados por igual”.

“Es importante quedarte. No solo es tener el nombre de La Palma. Es ser parte de La Palma. Porque cuando tú te quedas cambias tu vida, tu entorno y el entorno de los que vienen. Tú dices: ‘si podemos desde aquí’. ¿Qué cuesta más? Te lo garantizo. Pero se puede. Lo fácil es irse, con el dolor por la soledad de estar fuera. Para mí es vital quedarme aquí. No puedes decir que eres un representante de la Isla de La Palma en cualquier otro lugar donde tú no desarrollas tu actividad”, reitera Martina. “El Obradoiro no hubiera nacido en Galicia ni en otro lugar. Creo que no me hubiera adaptado”, opina entre risas.

Los niños dan alas al Obradoiro de Martina. Frente a la profundidad de los trajes para adultos y las prendas nupciales está la diversión de las prendas infantiles. “Los niños para mí son lo más divertido. Ellos sueñan cuando ven una prenda. Ven los colores y la libertad. Uno de mis grabados favoritos es el diente de león. No solo representa la Isla de La Palma porque lo vemos en mantelería, cuadros, toallas… sino que lo veo como una planta infantil que nos ha cautivado a todos. Todos hemos soplado un diente de león. Cuando los niños ven los grabados reconocen la planta inmediatamente. A los adultos les cuesta verlo”, reflexiona. “Los niños al ver los grabados ven nubes felices, tortugas, el sol… esas cosas que solo nos transmiten los ojos de los más pequeños. Me gusta trabajar con ellos porque rompen ese esquema y hacen que nos esforcemos mucho más”, confiesa ilusionada sobre su trabajo para los más pequeños. “Ojalá nos viéramos al espejo de la misma forma que se ve un niño”.

Detalles de sus trabajos de bordado

En el Obradoiro de Martina la mayoría de los trabajos son personalizados. Con sus diseños tratan de contar la historia de antaño, la historia de La Palma y la historia de sus clientes. Martina lo tiene claro: “Cuando un artesano deja de trabajar una historia se pierde. Cuando se pierde una historia en el tiempo, perdemos conocimiento. Está en nuestra obligación no perder el conocimiento. Mantenerlo, cuidado, mimarlo, y hacer que todos los recuerdos queden patentes en la actualidad. Va más allá del legado. Es el momento de pararnos a escuchar y aprender”. Esa es su filosofía.

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